miércoles, 12 de noviembre de 2025

"SÍNDROME POST-ABORTO"

 

La Asociación de Abogados Católicos ha denunciado ante la Fiscalía a la ministra de sanidad por haber negado que exista un “síndrome post-aborto”, algo que les parece inadmisible en una persona con formación médica, como es la denunciada.

 Eso mismo debería hacernos recapacitar sobre lo acertado de la expresión “síndrome post-aborto”. Lo primero que hay que decir es que, en Medicina, se llama síndrome al conjunto de síntomas que aparecen unidos y caracterizan a una enfermedad. En el caso del aborto, las secuelas, de diversa especie, no constituyen un conjunto definido ni aparecen siempre unidas, por lo que, en rigor, no se puede hablar de “síndrome post-aborto”, que es lo que dice nuestra ministra.

 Pero es una forma de reserva mental, una forma de jugar al escondite. Porque nadie puede negar la existencia de secuelas derivadas del aborto provocado sin exponerse al bochorno. La propaganda pro-abortista continuamente proclama que el aborto legal es médicamente "seguro", y que es necesario legalizarlo o despenalizarlo debido a la gran cantidad de muertes maternas causadas por el aborto ilegal. Pero la realidad es que el aborto provocado, legal o ilegal, daña física y psicológicamente a la mujer, y puede acarrearle la muerte. Es verdad que algunas publicaciones niegan la aparición de estas secuelas, pero los trabajos que tienen muestras más amplias, y que siguen el historial de esas mujeres durante más tiempo, todos ellos coinciden en que las secuelas que sufren las mujeres tras el aborto son objetivas y múltiples.

 Entre las secuelas físicas del aborto en la mujer están las infecciones, las hemorragias, las complicaciones debido a la anestesia, las embolias pulmonares o del líquido amniótico, así como las perforaciones, laceraciones o desgarros del útero. Estadísticamente hablando, se estima que el riesgo inmediato de dichas complicaciones es de un 10%, pero el de las complicaciones a largo plazo es entre el 20 y el 50%.

 Más insidiosas son las secuelas psicológicas, que incluyen sentimientos de culpa, angustia, ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio, diversos tipos de neurosis y de psicosis, tendencia al suicidio, pesadillas en las que aparecen los restos del bebé abortado, recuerdos dolorosos en la fecha en que hubiera nacido, etc. La Real Academia de Obstetricia de Inglaterra ha informado de que las probabilidades de problemas psiquiátricos graves y permanentes después de un aborto provocado pueden alcanzar hasta el 59% de las madres en un largo plazo.

 Cada año, más de un millón y medio de mujeres se practican abortos. Eso significa que más de 4.000 niños aún no nacidos son matados legalmente cada día. Para muchas, el aborto parece ser la decisión correcta en el momento. Pero a estas mujeres casi nunca se les cuenta los posibles efectos físicos y psicológicos que pueden arrastrar como secuela para el resto de sus vidas.

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 "El médico me dijo que sólo había que inyectar un poco de líquido, que sentiría unos y que después expulsaría el feto. No fue así. Sentí a mi niña moverse de aquí para allá durante hora y media, el tiempo en que tardó en fallecer. Tuve un parto difícil durante más de 12 horas y yo misma di a luz a mi hija. Era hermosa, tenía cinco meses y medio... pero estaba muerta".

 "Mi médico no me contó que podría tener una abundante hemorragia y una infección que me podría durar semanas, como así fue. Tampoco me dijo nada sobre la posibilidad de que me extirpasen el útero (histerectomía), tal como me hicieron ocho meses más tarde"

 "Nadie me dijo nunca que viviría con esta decisión durante el resto de mi vida. Han pasado varios años pero mi pena continua."

Transcripciones de testimonios reales recogidos por la obstetra Rosario Ramos Heinrich.

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 Para saber más:

 1.    El índice de muerte materna vinculado al aborto es 2,95 veces más elevado que el de embarazos que llegan al parto en la población de mujeres de Finlandia entre los 15 y los 49 años de edad. Investigación realizada en el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo para el Bienestar y la Salud de Finlandia, que concluyó que el embarazo contribuye a la salud de las mujeres (Am J Ob Gyn. 2004, 190:422-427).

  2.    Las mujeres que se habían practicado abortos tuvieron un índice de mortalidad casi el doble de las controles en los siguientes dos años, persistiendo incrementado el índice de muerte durante por lo menos ocho años. (Reardon DC, Ney PG, Scheuren F, Cougle J, Coleman PK, Strahan TW. Deaths associated with pregnancy outcome: a record linkage study of low income women. South Med J. 2002, 95:834-41).

  3.    Mortalidad de 1,1/100.000 mujeres que abortaron a las 12 semanas de gestación, investigación realizada por Gynecologie-obstetrique et biologie de la reproduction, Universite Paris V (Rev Prat. 1995, 45:2361-9).

  4.    Perforación asociada al aborto provocado hasta un 1,2% de los casos. Realizado por el mismo grupo francés anterior (Rev Prat. 1995, 45:2361-9).

 5. Trombosis de la vena ovárica con presentación atípica, de Washington University/Barnes-Jewish Hospital, St. Louis, Missouri, USA (Obstet Gynecol. 2000 Nov;96:828-30).

 6.    El aborto provocado o espontáneo no produce cáncer de mama según los mejores estudios hasta la fecha, pero está claro que la decisión de retrasar el embarazo tiene consecuentemente una pérdida de la protección que aporta éste, con un riesgo neto mayor aumentado, investigación de la University of North Carolina, USA (Lancet 2004, 363: 1007; Obstet Gynecol Surv. 2003 Jan;58(1):67-79. Review).

 7.    El aborto provocado por aspiración produce un riesgo aumentado de pérdida del hijo en el siguiente embarazo, resultados de Shangai Institute of Planned Parenthood Research, China (Int J Epidemiol. 2003, 32:449-54).

 8.    Tras un aborto provocado (curetaje), el riesgo de placenta previa en el siguiente embarazo y parto prematuro, con posible aborto espontáneo, se presentó en 3 mujeres de cada 4 con historia de aborto, OR 2,9, (95% IC 1,0-8,5), resultados del Fred Hutchinson Cancer Research Center, Division of Public Health Sciences, Seattle, WA, USA (Int J Gynaecol Obstet. 2003, 81:191-8). Esto se había probado ya anteriormente en un estudio de la Universidad de Medicina de New Jersey OR 1,7 (95% IC 1,0-2,9) (Am J Obstet Gynecol. 1997, 177:1071-1078).

  9.    En este sentido, las mujeres con antecedente de aborto provocado tuvieron un riesgo mayor de presentar un recién nacido altamente prematuro que aquéllas sin este antecedente (3 de cada 5 mujeres con historia de aborto provocado presentaron parto gravemente prematuro; OR + 1.5, 95% CI 1.1-2.0) (Bjog. 2005, 112:430-437).

 10.  Sánchez Durán en un estudio revisión español publicado en la revista JANO en el 2000 (número 1349) resume las principales complicaciones de las que hay que informar a las mujeres en la interrupción voluntaria del embarazo de primer trimestre. Las complicaciones inmediatas son desgarros cervicales, perforación uterina, sangrado y persistencia de restos del embrión dentro del útero. Las complicaciones tardías son las adherencias o sinequias uterinas, las cicatrices e incompetencia cervical, que producen parto prematuro y aumento del riego de pérdida del siguiente hijo.

 11.  El aborto provocado aumenta los riesgos de alteraciones en el estado del ánimo (depresión y autolesión), enmarcadas en el síndrome post-aborto, un estudio de University of North Carolina, USA (Obstet Gynecol Surv. 2003, 58:67-79).

 12.  Las mujeres que han sufrido un aborto provocado padecen un síndrome de estrés generalizado con un 30% más de probabilidad que las que han llevado adelante su embarazo no deseado. Resultados de Jesse R. Cougle y colaboradores, publicado en Journal of Anxiety Disorders 2005, 19:137-142.

 13.  El aborto provocado puede tener secuelas psiquiátricas, difícilmente tratables e irreversibles, independientemente de la actitud previa de la mujer hacia el aborto (Melinda Tankard Reist, Giving Sorrow Words: Women´s Stories of Grief After Abortion, Sydney, Duffy & Snellgrove 2000).

 14.  El aborto provocado por malformación fetal tiene secuelas igual de graves que la pérdida de un hijo sano, y la interrupción voluntaria del embarazo en este supuesto causa aislamiento social y depresión. Son los resultados de un estudio noruego y otro alemán del Klinik und Poliklinik fur Psychiatrie und Psychotherapie (Ultrasound Obstet Gynecol. 1997, 9:80-85; Zentralbl Gynakol. 2001, 123:37-41).

 15.  Se han descrito alteraciones en las relaciones sexuales y el deseo sexual de numerosas mujeres que abortaron voluntariamente en varios estudios europeos de la Universidad de Ginebra y de Polonia (Gynecol Obstet Invest. 2002, 53:48-53; Pieleg Polozna. 1988, 5:7-9 contd).

 Publicado en la Hoja del lunes de Alicante el 15 de diciembre de 2025.


lunes, 13 de octubre de 2025

REGISTRO DE OBJETORES

 


Hace unos pocos días fui testigo de algo que me hizo sonreír en un principio, y después me ha hecho pensar. Alguien preguntaba a una aplicación de “inteligencia artificial” a través de su móvil: ¿Cuántos brazos tiene… Y cuando hubiera debido terminar la pregunta concretando a qué se refería se quedó en silencio, seguramente buscando cómo expresarlo, cómo formular la pregunta. La aplicación interpretó ese silencio como el final de la pregunta, y se lanzó a responder: La respuesta a la pregunta ¿cuántos brazos tiene? depende del contexto. Una persona tiene generalmente dos brazos, un pulpo tiene ocho brazos o tentáculos, la vía láctea tiene cuatro brazos espirales principales,... 


Sonreí en ese momento, pero desde entonces el recuerdo de aquella respuesta me parece de la máxima actualidad. Porque la aplicación en cuestión supo contemplar al hombre en su situación habitual: de suyo, y si no se hacen más aclaraciones, el hombre tiene dos brazos. Pero a esa aplicación le parece que también los individuos que por alguna razón han perdido uno de sus brazos, o los dos, siguen estando incluidos en la idea de “hombre”.


Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2024 se provocaron en España 106.172 abortos, el 21,25% de ellos, en centros de titularidad pública. Del total de abortos provocados, el 2,71% se justificó por riesgos de salud del feto, el 2,65%, por riesgo para la salud  de la madre y el 94,62 (100.460) "a petición de la mujer". Cien mil abortos, casi la totalidad de los ejecutados en España, se llevaron a cabo porque la madre así lo decidió. Yo leo estos datos y me pregunto: ¿por qué quieren cambiar una Constitución con la que es posible esto? ¿Cuáles son esas restricciones actuales que se sortearían mediante un cambio en la Constitución? No acabo de verlas.


Pero hay otra cosa que me hace pensar. Una mínima, minúscula fracción del total apela a una cuestión de “riesgo para la salud” de uno u otra, poco más del 5% del total. ¿Por qué se considera, entonces, un acto médico? La medicina combate la enfermedad y promueve la salud; esto, es otra cosa. No se requiere un compromiso de velar por la salud para llevar a cabo un aborto. Lo que se requiere, más bien, es una habilidad, una capacitación técnica. Que puede enseñarse y aprenderse fuera de las Facultades de Medicina. Que debería aprenderse fuera de esas Facultades, porque los que salen de ellas son continuadores de una tradición que, desde hace más de 2000 años, establece unos criterios mínimos de bioética que incluyen, entre otros aspectos, no dar “jamás a nadie medicamento mortal, aunque me lo pidan, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a ninguna mujer.“ Esa tradición ha permanecido inalterada hasta que, muy recientemente, algunas versiones, precisamente para “lavar” las muertes provocadas por la eutanasia y el aborto, han suprimido ese párrafo.


Lo que no cambia el hecho de que la Medicina, antes y ahora, actúa con el objetivo de cuidar, preservar y -cuando es posible- sanar la vida humana, toda vida humana. También la de los asesinos confesos, la de los torturadores, la de los criminales de cualquier orden. También la de ellos. Y, con más razón, la de lo inocentes, incluso la de los que no pueden reclamar esos cuidados. Y, como hace la inteligencia artificial, no se deja confundir por el número de brazos que tenga ese hombre, o por su estatura, o por su lugar de residencia.


De modo que mi pregunta sigue sin respuesta: ¿por qué se encarga a los médicos la ejecución de un aborto? ¿No sería más razonable formar específicamente a profesionales para esa función, en vez de romper la imagen de los médicos que se ha conservado hasta hoy y que nos permite confiar en que estamos en buenas manos y que no van a actuar contra nuestros intereses amparándose en su conocimiento superior? ¿No es más claro llamar al pan, pan, y al vino, vino?


Y otra cosa: ¿por qué habría que hacer un registro de médicos objetores al aborto? Eso es dar por sentado que la mayoría de ellos estarían, de entrada, dispuestos a acabar con la vida que tienen en sus manos, lo que no parece ser cierto. ¿No sería más razonable dar por sentado que ningún médico se prestaría a eso, y, apuntar en una lista el nombre de los que sí están dispuestos,  para saber a quién acudir cuando me interese dar con uno? 


(publicado en la Hoja del lunes de Alicante el 13 de octubre de 2025)

sábado, 27 de septiembre de 2025

CONCIENCIAS TRANQUILAS


La tranquilidad de las conciencias es una de las cosas mejor repartidas del mundo. Todos nos consideramos tan bien provistos de ella que incluso las personas más difíciles de contentar en cualquier otro asunto no desean en general más de la que tienen. Lo mismo el que, tras dejarse el sueño y la paz para salvar una vida, contempla desolado la inutilidad de sus esfuerzos, que el político que se limitó a cumplir una directiva sin prestar atención a las consecuencias que se derivarían de su acción, o el que, apoyándose en la idea de que el fin justifica los medios, inicia una cadena de injusticias: todos, sin excepción, aseguran que tienen la conciencia tranquila.


Nadie mejor que ellos puede saberlo. Pero a mí, cuando oigo hablar de conciencias tranquilas, me vienen a la cabeza los pacientes que, en quirófano, sedados ya y ajenos ya a su entorno, parecen dormir sosegada y apaciblemente, mientras todos a su alrededor ponen en marcha una cadena de acciones coordinadas que no se detendrá hasta que se hayan cumplido todos los pasos previstos (y los azarosos sobrevenidos) que decidirán las posibilidades de su vida en adelante. Si juzgamos la escena por la expresión que se refleja en el rostro del enfermo llegaremos a la conclusión de que se encuentra en el mejor de los estados posibles, que no hay nada en él que deba ser mejorado: está tranquilo.


Se diría que tener la conciencia tranquila es un signo de que el universo se desenvuelve como debe. Por eso, a la conciencia que no se queda tranquila, a la conciencia in-tranquila, inquieta, la llamamos “mala conciencia”. Mala, porque me desasosiega, me arranca de la poltrona, me hace perder la paz y no me deja vivir. Por eso es mala la mala conciencia.


Pero, ¿y si tener la conciencia tranquila no fuera tan buena cosa? Quizá la conciencia tranquila no sea más que una conciencia narcotizada, como nuestro enfermo en el quirófano. Quizá no sea más que una conciencia instalada en un mundo de ensueño, una conciencia ajena a la realidad, un castillo en el aire.


Y, en cambio, la mala conciencia podría no ser tan mala. Porque me sacude, me despierta y me llama a la autocrítica. Porque me exige, y me recuerda que estoy llamado a ser más y a ser mejor. 


Recuerdo una entrevista en la que Rafa Nadal aseguraba que sólo los fallos le permitían mejorar, porque le enseñaban lo que hacía mal (“Lo que hago bien no me ayuda a mejorar: ya lo hago bien”, decía, o algo así). Con la conciencia pasa algo parecido: la conciencia tranquila me palmea la espalda y me conforma con mi situación actual. La mala conciencia, en cambio, me pone en tensión, como el arquero pone en tensión la cuerda de su arco, y me hace llegar más lejos y alcanzar lo inalcanzable.


Bienvenida sea esa mala conciencia que nos zarandea, que nos pone en marcha, que nos ayuda a combatir las sombras que habitan en nosotros, que nos saca de nuestro pequeño mundo-burbuja, que nos impulsa a mejorar. 


Llevamos mucho tiempo ya con la conciencia tranquila.

miércoles, 28 de agosto de 2024

LA LITERATURA EN LA FORMACIÓN

No es bueno que el hombre esté solo. Hemos nacido para convivir, para relacionarnos con los demás y enriquecernos con su trato. A medida que dejamos atrás la infancia crece nuestra necesidad de relacionarnos: primero la familia, luego los vecinos,  los compañeros del colegio, los amigos,.. Hablar con los demás ensancha nuestros límites, de por sí bastante reducidos. Escuchar a los demás madura nuestra perspectiva, nos ayuda a manejarnos en la complejidad del mundo.

 Leer es una forma de escuchar, una forma que nos permite saltar las barreras del espacio y del tiempo. Recordemos aquellos versos que escribió Quevedo en la Torre de Juan Abad:

 “Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos,

y escucho con mis ojos a los muertos.


Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan, o fecundan mis asuntos;

y en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos.”

Leer, a corto plazo, nos proporciona momentos de placer  y nos permite superar el tedio, combatir el aburrimiento, del que tantas veces se ha dicho que es el mal de nuestro tiempo. Nos permiten vivir otras vidas, tener otras experiencias. Por eso, a largo plazo, nos configura, nos enriquece, nos cambia. Nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes, o nos los estrecha. A medida que pasa el tiempo, va quedando en nosotros el poso de los libros que hemos leído. Y el hueco de los que no hemos leído.

El papa Francisco, retirado unas semanas del pasado mes de julio en lo que llama  sus “trabacaciones”, ha aprovechado esos días de descanso sin salir de Roma para escribir una carta “sobre el papel de la literatura en la formación”. Inicialmnte era un texto para aplicar a la formación de sacerdotes, pero el contenido y el enfoque utilizado -la formación humana del destinatario- lo hace aplicable a cualquiera de nosotros: todos podemos extraer enseñanza de ella.

Destaca en su introducción el mayor enriquecimiento que la lectura supone respecto a los medios audiovisuales tan masivamente utilizados hoy: el lector escribe la obra, “la amplía con su imaginación, crea su mundo, utiliza sus habilidades, su memoria, sus sueños, su propia historia llena de dramatismo y simbolismo, y de este modo lo que resulta es una obra muy distinta de la que el autor pretendía escribir.”

El Papa nos invita a contrarrestar la inevitable aceleración y simplificación del eficientismo y de la urgencia de la inmediato que embotan nuestra vida cotidiana, aprendiendo a tomar distancia de lo inmediato, a desacelerar, a contemplar y a escuchar. Esto es posible cuando una persona se detiene a leer un libro por el gusto de hacerlo.

El hábito de la lectura, a largo plazo, enriquece de diversas maneras a la persona: amplía el vocabulario -que es el instrumento con el que recibimos y transmitimos mensajes- y esa ampliación nos hace capaces de una discriminación más fina de los conceptos, nos ayuda a entender y a pensar con más precisión.

“Mejor aún”, dice el Papa: la literatura sirve para hacer experiencia de vida. La lectura nos pone en contacto con situaciones ajenas que se nos acercan como propias, y eso nos proporciona la “experiencia” de una vida que deja su poso en la nuestra: “nos zambullimos en los personajes, en las preocupaciones, en los dramas, en los peligros, en los miedos de las personas que finalmente han superado los desafíos de la vida, o quizás durante la lectura damos consejos a los personajes que después nos servirán a nosotros mismos.”. 

Al asistir a la experiencia vital del “otro” podemos identificarnos con su punto de vista, su situación, sus sentimientos, sin todo lo cual no existe solidaridad, compasión ni misericordia. “Y al contemplar la violencia, limitación o fragilidad de los demás tenemos la posibilidad de reflexionar mejor sobre la nuestra. ...la literatura educa en la comprensión, en la humildad de la no simplificación y en la mansedumbre de no pretender controlar la realidad y la condición humana a través del juicio. Es cierto que es necesario el juicio, pero nunca hay que olvidar su alcance limitado; en efecto, este nunca debe desembocar en una condena a muerte, en una eliminación, en la supresión de la humanidad en beneficio de una árida absolutización de la ley.”

“Al reconocer la inutilidad y quizá también la imposibilidad de reducir el misterio del mundo y el ser humano a una antinómica polaridad de verdadero/falso o justo/injusto, el lector acoge el deber del juicio no como un instrumento de dominio sino como un impulso hacia la escucha incesante y como disponibilidad para ponerse en juego en esa extraordinaria riqueza de la historia debida a la presencia del Espíritu.”

miércoles, 20 de septiembre de 2023

VARÓN Y MUJER

 

En los animales la condición sexual está limitada a funciones y momentos concretos, pero en el hombre la condición sexuada está presente de modo permanente y totalizador. Hay dos formas de vida humana: la masculina y la femenina. Ser varón o ser mujer se vive en general como una condición valiosa, a pesar de que hay millones de ejemplares de cada uno. Eso se debe a que no es algo puramente biológico, sino biográfico: algo que no está “dado”, que debemos construirlo, que es un proyecto en marcha. Por eso es inseguro y admite grados: se puede ser más o menos hombre, más o menos mujer.

 Y por eso los papeles masculino y femenino varían a lo largo de la historia. Pero son los contenidos de la virilidad y de la feminidad los que varían; lo que no varía es su relación recíproca: se es varón con respecto a la mujer, y al revés. La condición sexuada se configura como proyección ante el otro sexo. 

 Pero esa proyección no es igualdad. Varones y mujeres no somos iguales: lo que existe entre los sexos es polaridad. Que no es oposición: entre las manos derecha e izquierda hay una relación de polaridad: no son iguales, pero no son contrarias: ambas son manos, formas diferentes de ser mano.

 Lo mismo pasa entre varones y mujeres. Por eso, las normas y estructuras válidas para cada uno de ellos no pueden derivarse del otro. Varón y mujer son iguales respecto a su dignidad y a su valor, pero son distintos respecto a su naturaleza. Y cuando esto se confunde todo se trastoca.

 Entre el hombre y la mujer no hay igualdad sino equilibrio, un equilibrio dinámico, hecho de desigualdad y de tensión. Que, como es equilibrio, mantiene a los dos al mismo nivel, y, como es dinámico, cualquier cambio que se produzca en uno de ellos se compensa con un cambio en el otro y con una cierta reinterpretación social de ambos.

 Esto se ve claramente cuando nos asomamos a series de retratos a lo largo de la historia: cuando los hombres se dejan barba las mujeres aparece con el rostro más limpio, mientras que cuando los hombres se afeitan las mujeres se ponen más polvos y colores en la cara; e incluso, cuando el hombre ha acudido al maquillaje y a las pelucas, como en el Rococó, en el siglo XVIII francés, la mujer ha acentuado el colorido de su cara, y se ha vestido con ropajes más llamativos. Incluso en aquellas cosas compartidas por ambos sexos se introduce enseguida una cierta estilización que restaura las diferencias: hasta hace unos años el pantalón era una prenda de uso exclusivamente masculino; la incorporación de pantalones al vestuario de la mujer no ha significado, sin embargo, la igualación en el vestir: ahora hay pantalones de hombre y pantalones de mujer. 

 La condición sexuada no se limita a la genitalidad. Las cualidades de la persona tienen matices propios, peculiares de uno u otro sexo: la forma de vivir la ternura, por ejemplo, o la firmeza, tienen rasgos propios en uno y en otra. O ciertas tendencias, cierta “facilidad” para vivir algunos de esos aspectos: el varón muestra mayor tendencia a la exactitud, a racionalización, a la técnica,…mientras que a la mujer  se le da mejor el conocimiento de las personas, la atención a lo concreto, la intuición, la delicadeza,… No se trata de un “reparto” de cualidades, sino de una disposición a la complementariedad, a la ayuda mutua.

La condición sexuada crea así el “campo magnético” de la convivencia: pone ante nosotros una forma de vida humana que nos será siempre ajena, que tiene sus propios cauces proyectivos, sus cualidades, sus valores, sus matices propios. Exige el uso de la imaginación para interpretar a esa persona que es radicalmente “otra” que yo, y eso crea una tensión emocional, una actitud de anticipación y expectativa, que culmina en la posibilidad de la ilusión.

 Esta tensión es el substrato del amor. Pero el amor no puede reducirse a la vida psíquica ni a una serie de actos. Tampoco es algo que se tiene, ni es cuestión de física ni de química: el amor es un estado en el que se está y desde el que se vive. Amar a una persona no es sólo proyectarse biográficamente hacia ella, sino con ella. Cuando me enamoro cambia el proyecto en que consisto para incluir a la mujer que amo. Pero como se trata del proyecto en que consisto, resulta que cuando estoy enamorado me convierto en otro, distinto del que era antes de amarla. Y esto responde a la pregunta de por qué necesito a la mujer de la que estoy enamorado: la necesito para ser verdaderamente quien soy. Por eso el amor auténtico se presenta como irrenunciable, y, en esa medida, es felicidad.

 Pero la felicidad no es ausencia de conflictos. Los viejos cuentos de hadas nos decían que el príncipe y la princesa fueron felices para siempre, no que vivieron sin conflictos para siempre. Creo que la mayoría de los matrimonios son felices, pero no existe el matrimonio sin conflictos, porque los esposos son personas distintas con puntos de vista distintos.  

Muchos matrimonios se rompen porque se olvida esta verdad. 

martes, 29 de agosto de 2023

EL REINO VISIGODO DE TOLEDO

  

Los visigodos están tan desprestigiados entre nosotros que basta que mencionemos a los reyes godos para que se dibuje una sonrisa de suficiencia en quienes nos oyen. Creo que es una actitud poco acertada, y que impide entender la historia de España desde entonces hasta nosotros. Yo, este verano, me he acercado a conocer el Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda, un pobre testimonio de una época en la que el nombre de Toledo traía resonancias de esplendor. 

El Reino de Toledo tuvo una breve existencia, poco más de 200 años, contados desde la caída del reino visigodo de Tolosa en 507 a manos de los francos, hasta su desmoronamiento sorprendente y estrepitoso antes los musulmanes en 711. Pero en ese pequeño plazo unificaron la sociedad y la proyectaron con fuerza en el Occidente cristiano. 

Cuando entran en la historia, la palabra “godo” sólo designaba a los seguidores armados de Alarico, Walia o Teodorico II. Pero cuando se asentaron fueron capaces de aprovechar, mantener y desarrollar las estructuras administrativas, económicas y sociales que encontraron en las antiguas provincias del Imperio. Y generaron un mundo dinámico y mestizo en el que terminó aflorando una cultura erudita, enciclopédica, que facilitó un renacimiento cultural que precedió y determinó al más conocido Renacimiento carolingio. 

Los visigodos vivieron bajo un régimen de monarquía electiva, pero el rey no era el dueño y señor del reino, pues “el nombre de Rey se posee cuando se obra rectamente, y se pierde cuando se obra mal” (S. Isidoro de Sevilla). El rey ejercía su poder con el consentimiento de sus súbditos y en beneficio “de la prosperidad de los pueblos y de la patria” (diversos Concilios de Toledo). 

Su rey Leovigildo es recordado como uno de los principales reyes de nuestra historia. Fue promotor del Codex Revisus, que unificó a los hispanorromanos residentes en la península y a los integrantes del grupo invasor en un solo pueblo, el godo, y en una sola cultura, la hispanorromana. Fue también el reformador del ejército: si en 571 sólo pudo conquistar Corduba mediante golpes de mano nocturnos propiciados por la traición, en 583-584 el ejército visigodo era ya capaz de cercar Sevilla cortando el Guadalquivir, construyendo posiciones y manteniéndolo durante veinte meses, una proeza logística de dimensiones incomparable a nada en el Occidente europeo. Y un año después derrota a los francos, a los que toma ciudades y fortalezas y cuya flota desbarata en el Cantábrico, mientras, simultáneamente, ocupa el reino de los suevos en el noroeste de la península. Leovilgildo creó un nuevo ejército mixto de tropas permanentes y de leva con una logística sin parangón en Occidente y que se mantendría hasta los terribles días de Guadalete. 

En 589 su hijo Recaredo se convierte -y con él, su pueblo- a la fe católica, abandonando el arrianismo y alcanzando la unidad religiosa del reino. Una reunificación social en la que no hubo reproches ni escarnios, una reconciliación sin alardes, pura y simple, silenciosa. Y, por eso mismo, sólida. 

En 612 es coronado Sisebuto, un general de una gran cultura y magnífico gobernante, íntimo amigo y aliado de san Isidoro, del que se dice que, a excepción de Heraclio, el emperador contemporáneo de los romanos, no hubo en aquel tiempo otro soberano que pudiera igualarlo en amplitud de conocimientos y en su gusto por la cultura. Dio lugar a que experimentase Spania un renacimiento cultural en el siglo VII, un momento de oscurecimiento cultural de Europa occidental, a la que extenderá su influencia. 

Diez años después Suintila completará la anexión de los territorios de la península con la conquista de los vascones asentados en Navarra y la expulsión de las últimas posesiones de Bizancio en el Levante español.

 En 654, Recesvinto promulga el Liber Iudiciorum, un código sin parangón en la Europa occidental que constaba de 12 libros y que, una vez traducido a las lenguas romances medievales con el título de Fuero Juzgo, determinó la legalidad de los reinos hispanos y de la Monarquía Española hasta bien entrado el siglo XIX. 

Desde la segunda mitad del siglo VI fue cada vez más común el término de Spania como sinónimo del territorio regido por los godos de Occidente, tanto dentro como fuera del mismo: Gregorio de Tours se refiere a Leovigildo como Rex Spaniae. La unidad política, legislativa y religiosa del reino godo se iba expresando en la creciente sinonimia entre Regnum Gothorum y Spania. Las diferencias entre godos e hispanorromanos se borran rápidamente desde la segunda mitad del siglo VI, como refleja la honda amistad entre Sisebuto e Isidoro. La asimilación entre los godos y la población hispanorromana fue tal que mientras la llegada de los francos convirtió a Galia en Francia, la llegada de los godos no convirtió a Hispania en Gotia. 

La invasión musulmana supuso para todo Occidente la “pérdida de España”, y su recuperación movilizó, con intermitencias, durante ocho siglos, los corazones y las voluntades de un pueblo que rechazó activamente la nueva religión, ocho siglos en los que los reyes cristianos de la península se consideraban “reyes solidarios de España”. 

Esta es la historia que llevaba yo conmigo cuando me acercaba al Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda. Y luego recorrí las calles, repletas de tiendas de recuerdos para turistas, en busca de algún objeto que recordase esa cultura. Entra tantas muestras de la orfebrería musulmana, o del arte de forjar espadas, o recuerdos inespecíficos de la España actual, o hasta objetos de carácter perfectamente anodino, no encontré ni un solo objeto que recordase al viejo Reino de Toledo: una corona votiva de aspecto visigodo, por ejemplo, o un arco de herradura visigótico que carezca de los añadidos musulmanes, o una simple chapa con las palabras “Fuero Juzgo”. En fin, algo, cualquier cosa me habría servido. 

¡Nada! El reino que consolidó nuestra sociedad tras la caída del Imperio Romano de Occidente, lo unificó y lo proyectó al exterior está definitivamente desaparecido en el recuerdo de la que fue su capital.


lunes, 28 de agosto de 2023

HISTORIA DE Y

La noticia de la semana en genética humana ha sido el desciframiento final de la secuencia de bases del cromosoma Y. Se trata del cromosoma más pequeño de nuestra especie, pero su peculiar naturaleza dificulta especialmente este tipo de estudios, que se lleva a cabo troceándolo en minúsculos fragmentos para, a continuación, compararlos entre sí para reconstruir, como un puzle, la secuencia original. Y es particularmente difícil porque en el cromosoma Y hay una cantidad desproporcionadamente alta de secuencias repetitivas grandes, de pequeñas tandas de letras repetidas miles de veces, de grandes palíndromos de ADN que se leen igual al derecho que la revés,...

El cromosoma Y es singular por otras muchas razones. Determina, como es sabido, el sexo en nuestra especie. Pero la determinación cromosómica del sexo es una novedad en el árbol de la vida: en los insectos el sexo depende de la cantidad de ADN que constituye el embrión; en peces, anfibios y reptiles, de la temperatura del huevo,… Sólo cuando la evolución deja atrás a los reptiles, surgen los cromosomas sexuales: idénticos para las hembras de los mamíferos (XX) y para los machos de la aves (ZZ), diferentes en caso contrario: XY y WZ para los machos de los mamíferos y hembras de las aves, respectivamente. Las parejas X-Y y W-Z han llevado una evolución semejante pero proceden de cromosomas diferentes.

Cada miembro de una pareja de cromosomas procede de uno de los padres, y son  idénticos entre sí. Los cromosomas no sexuales (los autosomas) se emparejan con sus gemelos entremezclando (“recombinando”) sus porciones análogas, pero X e Y se emparejan mutuamente a pesar de sus notables diferencias. ¿Cómo se ha llegado a esto?

En su origen, X e Y eran un par de autosomas más, con sus secuencias paralelas de principio a fin. Pero hace unos 300 Ma (millones de años), cuando con los monotremas (ornitorrinco y equidna) aparecen los mamíferos, el que acabaría convirtiéndose en el cromosoma Y desarrolló el gen SRY, que determina la formación de testículos. Esto impidió que, en esa región, Y se ensamblase con X, y poco a poco, esa “región no recombinante” se fue extendiendo. Como consecuencia, cada vez mayor porción de Y era diferente de X y, por lo tanto, no se recombinaba con él. Pero no recombinarse significa que su presencia deja de ser importante para pasar a la siguiente generación y, por lo tanto, su ausencia tampoco importa. De modo que fue posible transmitir  cromosomas Y más cortos sin graves consecuencias, y así, generación tras generación, Y se fue acortando, aunque conservando puntos de anclaje que le permitían aún recombinarse con X.

El escenario se repitió en otros momentos a lo largo de nuestro árbol genealógico: hace unos 150 Ma, coincidiendo con la aparición de los marsupiales (canguros, koalas y afines), se produce una nueva pérdida de ADN de Y, lo mismo que ocurrió con la aparición de los placentarios hace unos 100 Ma.

El resultado es que hoy Y es mucho más pequeño que X: unas pocas docenas de genes, frente a los dos o tres millares que tiene X. Entre los genes que ha perdido Y se encuentran algunos que son clave en el desarrollo del sistema nervioso central, de modo que los varones se encuentran con una sola copia de estos genes, frente a los dos de las mujeres.  Por eso las variaciones extremas por arriba o por abajo en esta materia son más frecuentes en el varón que en la mujer, que puede compensar el exceso o el defecto de una de las copias con la actividad de la otra.  O, en palabras de la conocida activista Camille Paglia, "no hay mujeres Mozart por la misma razón que no hay mujeres Jack el Destripador". 

Pero en estos 300 Ma, Y se las ha arreglado para albergar y transmitir los genes encargados de la masculinidad, y de la fertilidad (muchos de ellos llegados de otros cromosomas). Se conocen en Y al menos tres regiones AZT -“a”, “b” y “c”-, cada una de ellas con múltiples genes, cuya ausencia se asocia a falta de producción de espermatozoides. Y también, algunos otros que parece que permitirían explicar la mayor prevalencia de diferentes enfermedades,  como el autismo entre varones, y las enfermedades autoinmunes entre mujeres. 

O relacionados con la aparición de cáncer. El mejor ejemplo es el gen UT (UTX o UTY, según el cromosoma en que se localice), un poderoso regulador de la expresión génica y de la herencia epigenética que podría explicar la aparición de algunos tumores (cáncer de esófago, mieloma, leucemia,…). UTY podría tener, además, algo que ver con la aparición de cáncer en varones que, con la edad, van perdiendo la expresión de estos genes, riesgo del que están a salvo las mujeres,  que tienen otra copia de reserva. 

Bueno,  el cromosoma Y contiene también el gen de las orejas peludas, pero no son muy molestas. 

lunes, 21 de agosto de 2023

NATURALEZA Y DESTINO

 

Un águila captura una presa, la mata, la trocea y la traga. Es un mecanismo automático que conduce siempre al mismo resultado. Siempre... excepto si es época de cría; en época de cría los pasos son muy diferentes: llevará el alimento en la boca hasta que esté de vuelta en su nido, y entonces abrirá la boca y lo entregará a sus polluelos. Los mismos estímulos provocan diferentes respuestas según el fin que persigue. Lo decisivo es el fin, todos los pasos están orientados a alcanzar una meta concreta. La vida es un proceso teleológico, en el que la meta que se pretende alcanzar condiciona y decide el desarrollo del conjunto: el fin (telos) al que se dirige es causa y motor de todo el proceso.

La teleología está presente en Biología en todos los niveles que consideremos, tanto si el final es anticipado por el agente –como ocurre en el caso del hombre y, quizás, de otros animales-,  como si se trata de sistemas autorregulados -por ejemplo, la temperatura corporal en los mamíferos y en las aves, o la indemnidad de la cadena de ADN-, o de estructuras diseñadas anatómica y fisiológicamente para realizar una función específica. Todo en la Biología: el cortejo, el desarrollo del embrión, la migración, la obtención de alimento, los procesos metabólicos, la reparación de una herida,… ¡todo!, muestra que la finalidad es la fuerza dominante. 

En Evolución, se ha dicho que las probabilidades de que la vida que conocemos sea fruto del azar es menor que las que habría de que un mono, tecleando al azar, escribiese  las obras de Shakespeare. Richard Dawkins, vehemente defensor del azar como único motor del cambio, ha propuesto un  experimento para mostrar que su pretensión es plausible. Para ello introduce un cambio aparentemente pequeño en el planteamiento: se pretende como objetivo una frase (en su ejemplo, “parece una comadreja”) y un programa introduciría pequeñas variaciones al azar en cada tanda de caracteres, guardándose como nuevo punto de partida “la que más se parece a la frase objetivo”. Repitiendo una y otra vez el procedimiento, nos dice Dawkins, se alcanzaría la frase completa en la generación 43. 

Con este ejemplo pretende demostrar que una evolución acumulativa que tome como nuevo punto de partida los resultados ya alcanzados permitiría llegar a este mundo aparentemente teleológico. Pero su razonamiento es engañoso: él mismo introduce la teleología cuando afirma que el ordenador, en cada paso, entre las diferentes copias producidas “elige la que más se parece a la frase objetivo”. No es fácil formular un enunciado más teleológico que éste.

En realidad, los ejemplos de direccionalidad en la naturaleza son muy comunes. En el nivel más elemental, la Física de Partículas, el principio de  exclusión Pauli refleja el hecho de que dos fermiones no pueden ocupar el mismo estado cuántico en el mismo sistema: esto provoca un tipo de organización que afecta a todos los electrones de todos los átomos y, por tanto, afecta a muchos otros tipos de organización sucesivos (átomos, moléculas, macromoléculas, seres mayores inorgánicos y orgánicos) y a la mayoría de las propiedades de la materia. Es decir: las cosas simplemente no pueden existir sin encontrarse ordenadas de un modo concreto. La existencia de tendencias significa que existen canales selectivos de comportamiento de la materia, y esos comportamientos favorecen la cooperación de diferentes elementos para formar niveles superiores de organización. Visto a la luz de la ciencia actual, el universo, tal como lo conocemos, es el resultado de un gran proceso de autoorganización en el que la materia, desde el Big Bang, ha dado de sí nuevas pautas que se han ido integrando en una serie de sistemas progresivamente organizados. 

Para el darwinismo ortodoxo –ha escrito Ernst Mayr- “la selección natural es un proceso a posteriori que recompensa el éxito que se ha dado ya, pero nunca propone objetivos futuros. La selección natural nunca está orientada hacia un objetivo. Es engañoso y completamente inadmisible considerar conceptos tan ampliamente generalizados como supervivencia o éxito reproductivo como objetivos definidos.

Esto es darwinismo puro. Pero entonces, para explicar la evolución, debemos examinar antes cuál es la fuente de las innovaciones. Para John Haught es razonable considerar que la creatividad de la evolución tiene lugar primariamente en la autoorganización de la materia previa a la selección.

La ciencia actual presenta nuestro mundo como el resultado de un proceso gigantesco de autoorganización en el cual sucesivas potencialidades específicas se han ido actualizando, dando lugar a una serie de sistemas crecientemente organizados que culminan en el organismo humano, que proporciona la base para una existencia verdaderamente racional. 

¿Es todo esto fruto del azar? Podría serlo. Pero parece que ese azar  ha tenido ante sí en cada paso sólo un limitado número de posibilidades. Como si el universo hubiera sido conducido suavemente, poco a poco, sin forzar, a seguir un camino por el que se llegaba al mundo que conocemos.