La Odisea llega al cine. Los medios (la prensa, las redes,...) lo proclaman incesantemente y permiten adivinar su éxito de taquilla. La presencia de los clásicos es más necesaria que nunca. Se diría que hay en el ser humano una sed de los valores que encarnan, y necesitamos actualizarlos cíclicamente para no dejarnos descomponer por los personajes insuficientes que nos salen hoy al paso con tanta frecuencia, personajes artificiales, descolocados, incapaces de sugestionar y despertar nuestra simpatía y nuestra solidaridad. Los clásicos, al contrario, nos hablan de héroes con rasgos humanos que se esfuerzan por torcer el rumbo del destino, por alcanzar el honor y la gloria a costa de los esfuerzos que fueran necesarios, que se enfrentan a la tentación, y sucumben a ella, o resisten y superan la prueba que parecía insuperable. Personajes sólidos, compactos, de una pieza, con alma grande. Con grandes virtudes. Y también con grandes defectos, defectos humanos como los nuestros, pero animados por un alma capaz de grandes hazañas.
Alguien ha dicho que "después de Homero, todo es plagio", y no le falta razón. Los clásicos nos enseñan los rasgos que acompañan al hombre, que confieren a su vida un valor auténticamente humano. Nos muestran la capacidad de la voluntad para configurar la propia vida, el valor de la hospitalidad, el peligro del exceso que rebasa los límites. Y el heroísmo, y el miedo, y la vulnerabilidad, y la astucia, y la excelencia, y la envidia, y la lealtad, y el rencor, y el deber, y la envidia, y la virtud, y la traición. Y el bien y el mal. Y el valor de la memoria. Y el valor de la verdad.
Los personajes de nuestros clásicos personifican los defectos y las virtudes de toda la humanidad, y han sido replicados incesantemente a lo largo de la historia de la literatura. Son nuestros compañeros, nuestros hermanos, nuestros mayores. Han dado lugar a lo que sentimos, a lo que pensamos y a lo que somos. Los clásicos nos enriquecen y nos dilatan la mente y el corazón.
Me parece máximamente oportuno este periódico retorno a nuestros clásicos, a los fundamentos de nuestra cultura. Han quedado ya muy atrás aquellos años en los que las publicaciones juveniles mostraban las biografías de personajes capaces de transformarse a sí mismos y de transformar la realidad. Biografías de personajes de la historia, del arte, de la ciencia, del pensamiento, de la fe,…, pero reales, auténticos, de carne y hueso, que mostraban las posibilidades de la realidad y las capacidades que esconde la vida humana. Sólo los ideales sustentados en la realidad nos permiten sacar de nosotros lo mejor.
Publicado en el diario Información en día 4 de agosto de 2026